Mi primer libro interactivo. Ni siquiera sabía que existieran cosas así. Básicamente funcionan como un juego de roll, dónde tú eres el personaje principal y el narrador te pide que tomes decisiones para qué avance la historia. Al principio molesta un poco que narre en segunda persona pero rápidamente te acostumbras. La trama es bastante limpia y generalmente tienes que elegir entre enfrentar a un minotauro o huir por el túnel a su izquierda. Sin embargo, es muy gratificante, cuando eliges un mal camino, y el final te decepciona, volver a empezar el libro, enfrentar al basilisco, convertirte en un verdadero héroe, volver lleno de tesoros, y empezar una nueva Aventura sin fin.
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viernes, 19 de agosto de 2016
lunes, 15 de agosto de 2016
El ladrón de días de Clive Barker
El gran maestro del horror nos sorprende aquí con una historia muy bien estructurada que viaja desde la ingenuidad infantil y el escenario fantástico hasta la irrealidad sangrienta del cuento de terror. El tiempo y nuestra noción la realidad también juegan un papel protagónico en esta historia donde un niño de diez años vence la codicia, el egoísmo y la maldad de un mundo quimérico, donde todo es espejismos, y termina siendo pavoroso. Las ilustraciones están tan bien logradas que resultan aterradoras y todo el libro en general sorprende porque, salvando algunas escenas, al cerrar la tapa, no logras procesar que es una historia para niños cruelmente maquinada.
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viernes, 12 de agosto de 2016
El caso de Charles Dexter Ward
A medio camino entre Frankenstein, El retrato de Dorian Gray, la Momia y el libro de los nigromantes, la atmosfera de terror oscuro y melodramático en que nos sumerge la extraordinaria historia de Charles Dexter Ward solo se puede explicar con una frase de su autor. Así que ante mi falta de agudeza me permito citar a Lovecraft cuando asegura que “Lo único que podemos decir es que en torno a ciertos [libros] perfiles y entidades flota un poder de simbolismo y sugestión que actúa sobre las perspectivas de un pensador sensible y susurra terribles alusiones a oscuras relaciones cósmicas y a realidades indescriptibles que existen más allá de la ilusión protectora que supone la visión normal”.
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lunes, 8 de agosto de 2016
La tempestad de William Shakespeare
Una isla en el caribe sirve a Shekespeare como punto de partida para representar el choque entre varios mundos. El mundo de Calibán: el caníbal, el caribe. El de Prospero: la civilización, el progreso. El de Ariel: la magia, el artificio, la superchería. Y el de Miranda, que solo mira, porque en la obra no hace nada. Una ficción simbólica, con una historia compleja, pero con una trama bastante simple. Me pareció más una puesta en escena que una obra para leer sentado. Pero, en fin. Dicen que fue la última invención del Bardo. Y en este sentido, el epílogo adquiere y resiste varias relecturas interesantes, como por ejemplo, la posible carta de despedida de un autor en la cima de su carrera que renuncia a la grandeza y se aleja de su público.
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viernes, 5 de agosto de 2016
El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde
La dicotomía del bien y el mal pareciera un tema muy trillado, pero aquí la encontramos en otro nivel. A partir de una simple metáfora anotómica, de un cambio de apariencia física, de una metamorfosis corporal, Stevenson nos señala que el hombre nos es uno en sí mismo. Es una bifurcación entrelazada. Una dicotomía trabada. Un ser contradictorio, arbitrario, incongruente. Puede sentirse atraído por un objeto y al mismo tiempo tener miedo de tocarlo. Puede dormitar su conciencia y a la vez sentirse culpable. Puede ser el Dr. Jekyll o el horrible Mr. Hyde.
El gran Whitman solía decir: Me contradigo y ¿qué? Soy inmenso, contengo muchedumbres. En este sentido, la obra de Robert Louis Stevenson adquiere una atemporalidad absoluta al develar, de forma magistral, la dualidad del ser humano, la duplicidad del carácter de los hombres, el desdoblamiento de la conciencia, la angustia de nuestra existencia y la incongruencia de nuestro ser.
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El gran Whitman solía decir: Me contradigo y ¿qué? Soy inmenso, contengo muchedumbres. En este sentido, la obra de Robert Louis Stevenson adquiere una atemporalidad absoluta al develar, de forma magistral, la dualidad del ser humano, la duplicidad del carácter de los hombres, el desdoblamiento de la conciencia, la angustia de nuestra existencia y la incongruencia de nuestro ser.
lunes, 1 de agosto de 2016
El mago de Oz de Lyman Frank Baum
Esta es la historia de Dorothy, una niña buscando su camino a casa. Para hallarlo, deberá encontrar al Gran Mago de Oz que vive en ciudad Esmeralda. El camino está pavimentado con ladrillos amarillos y conforme avanza, va haciendo amigos. En un principio me entusiasmó la idea de un posible enfrentamiento entre los personajes para decidir quién sería el primero en hablar con Oz. Todos tienen un deseo que pedirle. Pero ¿cuál es más importante? El espantapájaros quiere un cerebro. El hombre de hojalata un corazón. El león busca valor para vencer sus miedos. Y la pequeña Dorothy sólo quiere volver a casa. ¿Cuál deseo es más digno? ¿Cuál más urgente? ¿Quién sacrificará sus sueños? ¿Quién aplastará los demás? Me excité con la idea de un enfrentamiento a muerte, pero nunca llegó. Todos descubrieron por el camino que ya poseían lo que iban a pedirle al mago y solo tenían que buscarlo en su interior. Incluso Dorothy, desde las primeras páginas, ya tenía la clave para volver a su hogar. Así que lo único que puedo decir es que la moraleja me arruinó la diversión.
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viernes, 29 de julio de 2016
La casa de Shakespeare de Benito Pérez Galdós
Un pequeño breviario que recoge las reflexiones del novelista y dramaturgo Benito Pérez Galdós mientras peregrinaba por Gran Bretaña buscando la casa natal de William Shakespeare (una especie de Jerusalén literaria para cualquiera cristiano que se precie de ser un amante de la literatura universal). En su camino se topa con la capilla Wesrminster, donde además se encuentra con las cenizas de Newton, Darwin y poetas inmortales como Dickens. Los intereses e inquietudes que fulgura durante el viaje confirman su modernidad y esa fascinación intelectual que la mayoría de nosotros hemos perdido en el camino y él nunca perdió de vista.
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